18-19 de Septiembre de 2009:
199 años de ‘vida independiente’ de esta tierra en que nacimos y de esta ‘familia’ que nos hizo crecer entre nieblas densas y amaneceres radiantes.
¿Podremos hablar de ‘vida independiente’, y de ‘familia’?
¿Y en qué sentido podremos los ‘chilenos’ llamarla ‘tierra nuestra’, conscientes de que en buena medida usurpamos lo que fuera por siglos de nuestros antepasados aborígenes, antes del 1810?
Más aún cuando la conciencia universal nos lleva a reconocer que nada de este mundo podemos apropiárnoslo; sino que desde sus orígenes esta tierra nos pertenece a todos sin ningún derecho prioritario, a no ser el que nos da el ser hermanos, ‘hijos’ de Dios y de la misma ‘madre tierra’.
FIESTA, sin embargo, aunque vivida en deuda y con conciencia de futuro.
En deuda, por todo lo recibido y compartido inmerecidamente.
Con conciencia de futuro, por todo lo que el Hacedor ha puesto en nuestras manos, bajo nuestra responsabilidad de hijos adultos, co-constructores con Él, y de hermanos solidarios corresponsables de la vida recibida y proyectada según el plan creador.
De una PATRIA, que no nos pertenece egoístamente, sino que le pertenece a esa Patria, no sólo latino-indo-americana de Bolívar; sino a esa Patria globalizada por innumerables puentes intercomunicándonos en nuestras historias, realizaciones y sueños, que brotan de lo más profundo de esos seres maravillosos que somos cada uno de sus habitantes.
FIESTAS PATRIAS de todas las patrias hermanas, cada día a lo largo de todo el año, enriquecidas por la comunión en la diversidad, no en competencia sino en colaboración corresponsable y fraternidad agradecida ante el Creador y Su creación. Sin olvidarnos de Él, ni tampoco sin negarlo, considerarlo hoy como innecesario, prescindible.
Fiestas Patrias, de todas las Patrias de esta tierra nuestra, que proyectan inevitablemente nuestra mirada y nuestro corazón hacia… … …
LA PATRIA y esa GRAN FIESTA que nos espera a todos los que, luego de descansar al término de nuestro camino, nos levantaremos para BAILAR UNA CUECA LARGA por toda una eternidad. (“Padrino: esta noche voy a descansar hasta tarde… y mañana me voy a levantar para bailar un cueca”, me dijo Ricardito a sus 12 años, un 17 de Septiembre antes de su amanecer definitivo del 18 del 90).
Una CUECA y no de 2 o de 3 bailarines, sino de todos los que supimos ofrecer un pañuelo blanco a quien caminaba en esta tierra junto a nosotros, con sus ojos bañados de lágrimas.
FIESTA definitiva y de LA PATRIA única, que nos espera más allá de la barrera de salida de este Campamento Provisorio, y que nos desafía a hacer de estas nuestras Fiestas Patrias un adelanto, pleno de sentido, recogiendo y celebrando auténticos motivos de gozo.
Fiesta Patrias por lo tanto, lejos de cualquier forma de evasión en el trago, la droga, la comida, el baile, … que sólo nos llevan al final de la fiesta a una noche más oscura sin futuro, en vez de reanimarnos en un nuevo amanecer pleno de esperanza, objetivo de toda Fiesta verdadera.
¿Podemos celebrarla con verdad?
FIESTA de LA ESPERANZA, adelantada y vivida ya AQUÍ y AHORA, recorriendo unidos de la mano, estos caminos llenos de zanjas, barros y piedras; pero también, ofreciendo a toda mirada limpia, valles hermosos, vertientes cristalinas y rocas firmes en las cuales apoyarnos para caminar y para echar los cimientos de ‘una ciudad construida en libertad… un mundo ancho …, donde podamos cantar’.
FIESTA de LA ESPERANZA sólo auténtica para quienes nos hagamos cargo de construirla cada día desde lo pequeño, y con los pequeños a los ojos de los importantes…; pero destinada a todos quienes acepten ser hermanos.
FIESTA de LA ESPERANZA, sólo posible de mantener en medio de tantas nubes oscuras, incomprensiones y fracasos de cada atardecer, si somos capaces de percibir en medio de todos ellos, la vida que con la fuerza de su Creador rompe la corteza de la semilla y se eleva por en medio de las malezas … y alegrarnos comprometidamente poniéndonos a su servicio.
FIESTA de LA ESPERANZA, sólo posible cuando cada amanecer se la adelanta, compartiéndola con todos los creyentes en el CRISTO VENCEDOR DE LA MUERTE y con todos los hombres y mujeres de Buena Voluntad, que hemos creído en el triunfo del amor y optado por hacer de nuestra vida:
una Eucaristía de Acción de Gracias,
un Ofertorio de amor,
una Misa de Misión.
Feliz Fiesta de La Patria en la ESPERANZA ADULTA.
MEM sscc
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“Un día nuevo empieza, Alegría.
Cantemos al Señor.
La tierra es cosa bella,
Su mano la formó.”
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viernes 18 de septiembre de 2009
lunes 31 de agosto de 2009
NO HAY DOLOR INÚTIL ...
QUERIDO JOVEN HERMANO:
Aunque hay 50 años de edad que nos distancian, sin embargo hace ya un par de años que el Señor quiso hacernos encontrar en una relación de hermanos: tú me elegiste para ser tu hermano mayor, y yo acepté adoptarte como mi menor; relación que aprendí entre los quechuas y aimaras, entre los cuales simplemente llaman “mi mayor” al hermano que asume la responsabilidad de hacer presente para su familia al papá largamente ausente, por estar en un trabajo lejano mas adentro en la selva o muy arriba en las minas; o simplemente porque ya no estará más en casa.
Fue Jesús, sin duda, Quien quiso compartir conmigo y para ti, la hermosa misión de ser tu “mayor”, y acercarte al Dios Padre, que siempre te amó y que te quiere muy cerca de su corazón de papá.
No pasaron sino algunos meses en que el Señor quiso que ambos, como hermanos cercanos, por distintos motivos compartiéramos en algo el camino de la cruz de Jesús nuestro “mayor” común. Fue así como ambos debimos experimentar el dolor, difícil de expresar y comprender para quien no lo ha vivido, de tener que ‘partir’ dejando en el pueblo en el cual habíamos crecido, a tantos que fueron de verdad amigos y hermanos, con quienes compartimos buenos y a veces malos pasos, caminos de luz y de sombras, pero siempre plenos de esperanzas.
Mi partida fue debida a una inesperada enfermedad.
La tuya, fue luego de una larga y difícil decisión de tus papás, pensando en tu presente y tu futuro, necesitado de un cambio que aunque duro, te permitiría un futuro más seguro.
El celular fue a partir de ese momento, el canal de comunicación que nos ha permitido mantener este contacto que el Señor quiso iniciar previamente entre nosotros.
Transcurridos apenas 11 meses desde nuestro distanciamiento físico, tú más al sur y yo en la Capital, el Señor nos ha invitado a compartir más profundamente su vida: su camino y su misión.
Nos lo había advertido con sinceridad, como Él sabe siempre hacerlo: “el que quiera ser mi discípulo, tiene que tomar su cruz y seguirme”.
Un día 5 de Octubre encomendó a los médicos de la Católica, informarme con toda verdad, que yo padecía de un cáncer pancreático terminal, con una supervivencia previsible de sólo tres meses. Y que mi anhelo de poder regresar a La Unión, debía dejarlo en el cajón de los recuerdos, ya que cualquier tratamiento me obligaba a permanecer en Santiago.
Sólo me quedaba orar al Señor que me permitiera llevar este tiempo sin mucho dolor físico y con buen ánimo confiando que en Su misericordia me acogería en su casa y que Él seguiría cuidando de mis seres queridos y de mis sueños inconclusos en este paso por esta etapa de mi vida en La Unión.
Ahora, hace sólo tres días, he sabido que a ti también el Señor te ha incorporado entre sus más cercanos, compartiendo también la cruz de la enfermedad y del dolor.
Aunque en tu caso no se trata de una enfermedad terminal, sin embargo sí que lo es muy dolorosa y podría incluso llegar a tener consecuencias limitantes para la vida que recién inicias, un adolescente abriendo tu mirada a la juventud.
¿Qué pensar? ¿Cómo reaccionar ante el dolor, ante las cruces con que nos carga la vida?
Una vez más, la sabiduría de nuestro pueblo, con sus dichos a menudo enriquecidos desde la fe en el Evangelio de Jesús, viene en nuestro auxilio: “no hay mal que por bien no venga”, “no hay dolor inútil”… y “la Semana Santa no termina el Viernes de Pasión, sino el Domingo de Resurrección”
Un niño que se ha criado y crecido físicamente entre algodones y cojines, siempre en brazos de su mamá y/o papá, no puede crecer físicamente y menos interiormente, y por tanto nunca alcanzará la madurez.
No son los éxitos los que nos obligan a corregirnos y progresar; sino los fracasos los que nos ayudan a crecer y madurar como personas integrales, no sólo por fuera; sino desde dentro, desde el centro de nuestra vida, desde el corazón… nos decía recientemente el entrenador Bielsa.
Es mi propia experiencia, confirmada personalmente, y en las historias de tantos amigos compartidas a lo largo de los años que el Señor me ha regalado.
Como tu “mayor” te lo aseguro.
Pero hay al menos tres condiciones, para que esto sea posible, para que el dolor sea fuente de Vida Nueva para ti y a través tuyo para otros que el Señor vaya poniendo cerca de ti.
La primera: que como Jesús aceptes ser ayudado a cargar tu cruz por un Cirineo. Y ese Cirineo para nosotros no es otro que el mismo Jesús. Él se dejó ayudar, ahora el debe ayudarnos.
La segunda: que abramos nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para no tropezar dos veces en la misma piedra que nos hizo caer y aprender inteligentemente de esa experiencia de modo que desde nuestro interior brote animoso un nuevo amanecer, realmente distinto de la noche que nos hizo tropezar.
La tercera: aceptar que el Señor Jesús, nuestro “Mayor”, quiere caminar cada día con nosotros, en medio de otros hermanos, entre los cuales tu aceptas caminar, y con ellos apoyarse mutuamente.
Si recibimos así el dolor y la enfermedad, si asumimos así nuestra debilidad, nuestra difícil verdad, sólo entonces podremos experimentar profundamente el nacer a una nueva manera de vivir, de ver la vida con ojos diferentes, con su verdad: sus penas y alegrías, sus sueños y frustraciones, la salud, la enfermedad y también la muerte.
Si asumimos con humildad el que nuestra vida es un regalo diario del Señor, que no termina nunca; sino que continúa y se perfecciona más allá de este mundo, … y si esto lo vivimos con la paz y la alegría de quien se sabe en manos de un papá que es Dios, … …
sólo entonces nuestra alegría crecerá aún mas al constatar que otros, viéndonos así enfrentar la vida, han podido reconocer también en nosotros a ese Dios Papá que ellos nunca habían conocido, y que a través de nosotros ha querido acercarse a ellos para regalarles su amor y su paz del corazón, por encima de todos sus problemas, sufrimientos o desesperanzas.
Con humildad lo digo: creo que ha sido en parte al menos tu propia experiencia al encontrarte conmigo y acompañarme en mi situación actual.
Con esperanza lo digo: creo que tú has sido también llamado desde tu experiencia y situación actual, a ser ese “mayor” para tus amigos: los de ahora en el sur y los de antes en La Unión.
Permíteme alegrarme ahora contigo de no sólo ser “tu mayor”; sino de que tú puedas ser “su mayor” para tantos amigos que el Señor te ha ido confiando y te seguirá confiando a lo largo de los años que Él mismo te regale.
Permíteme contigo unirme para darle las gracias al Señor por poder compartir con Él Su Cruz, y clavado a ella con Él, identificarnos mas con Él, traspasadas nuestras manos sobre Sus manos, nuestros pies sobre Sus pies, nuestro corazón sobre Su Corazón.
Y desde el dolor, que aún muriendo se olvida de sí mismo para ocuparse de su Madre y de su amigo Juan, … … por ser testigos para todo el mundo de tener un Padre de los Cielos, en cuyas manos con JESÚS, siempre podemos poner con confianza, fe y esperanza nuestra vida entera:
“Padre, si es posible que pase de mí este cáliz de dolor, …
pero que no se haga mi voluntad sino la tuya…”
Recibe mi cariño crecido día a día desde el dolor, hecho sonrisa y amanecer de esperanza cada día, desde la fe recibida y compartida contigo y los tuyos.
Confío en ti, como el Señor confía en nosotros. Él es nuestra fortaleza.
Espero tus noticias.
Tu hermano “mayor”.
MIGUEL ESTEBAN sscc
Aunque hay 50 años de edad que nos distancian, sin embargo hace ya un par de años que el Señor quiso hacernos encontrar en una relación de hermanos: tú me elegiste para ser tu hermano mayor, y yo acepté adoptarte como mi menor; relación que aprendí entre los quechuas y aimaras, entre los cuales simplemente llaman “mi mayor” al hermano que asume la responsabilidad de hacer presente para su familia al papá largamente ausente, por estar en un trabajo lejano mas adentro en la selva o muy arriba en las minas; o simplemente porque ya no estará más en casa.
Fue Jesús, sin duda, Quien quiso compartir conmigo y para ti, la hermosa misión de ser tu “mayor”, y acercarte al Dios Padre, que siempre te amó y que te quiere muy cerca de su corazón de papá.
No pasaron sino algunos meses en que el Señor quiso que ambos, como hermanos cercanos, por distintos motivos compartiéramos en algo el camino de la cruz de Jesús nuestro “mayor” común. Fue así como ambos debimos experimentar el dolor, difícil de expresar y comprender para quien no lo ha vivido, de tener que ‘partir’ dejando en el pueblo en el cual habíamos crecido, a tantos que fueron de verdad amigos y hermanos, con quienes compartimos buenos y a veces malos pasos, caminos de luz y de sombras, pero siempre plenos de esperanzas.
Mi partida fue debida a una inesperada enfermedad.
La tuya, fue luego de una larga y difícil decisión de tus papás, pensando en tu presente y tu futuro, necesitado de un cambio que aunque duro, te permitiría un futuro más seguro.
El celular fue a partir de ese momento, el canal de comunicación que nos ha permitido mantener este contacto que el Señor quiso iniciar previamente entre nosotros.
Transcurridos apenas 11 meses desde nuestro distanciamiento físico, tú más al sur y yo en la Capital, el Señor nos ha invitado a compartir más profundamente su vida: su camino y su misión.
Nos lo había advertido con sinceridad, como Él sabe siempre hacerlo: “el que quiera ser mi discípulo, tiene que tomar su cruz y seguirme”.
Un día 5 de Octubre encomendó a los médicos de la Católica, informarme con toda verdad, que yo padecía de un cáncer pancreático terminal, con una supervivencia previsible de sólo tres meses. Y que mi anhelo de poder regresar a La Unión, debía dejarlo en el cajón de los recuerdos, ya que cualquier tratamiento me obligaba a permanecer en Santiago.
Sólo me quedaba orar al Señor que me permitiera llevar este tiempo sin mucho dolor físico y con buen ánimo confiando que en Su misericordia me acogería en su casa y que Él seguiría cuidando de mis seres queridos y de mis sueños inconclusos en este paso por esta etapa de mi vida en La Unión.
Ahora, hace sólo tres días, he sabido que a ti también el Señor te ha incorporado entre sus más cercanos, compartiendo también la cruz de la enfermedad y del dolor.
Aunque en tu caso no se trata de una enfermedad terminal, sin embargo sí que lo es muy dolorosa y podría incluso llegar a tener consecuencias limitantes para la vida que recién inicias, un adolescente abriendo tu mirada a la juventud.
¿Qué pensar? ¿Cómo reaccionar ante el dolor, ante las cruces con que nos carga la vida?
Una vez más, la sabiduría de nuestro pueblo, con sus dichos a menudo enriquecidos desde la fe en el Evangelio de Jesús, viene en nuestro auxilio: “no hay mal que por bien no venga”, “no hay dolor inútil”… y “la Semana Santa no termina el Viernes de Pasión, sino el Domingo de Resurrección”
Un niño que se ha criado y crecido físicamente entre algodones y cojines, siempre en brazos de su mamá y/o papá, no puede crecer físicamente y menos interiormente, y por tanto nunca alcanzará la madurez.
No son los éxitos los que nos obligan a corregirnos y progresar; sino los fracasos los que nos ayudan a crecer y madurar como personas integrales, no sólo por fuera; sino desde dentro, desde el centro de nuestra vida, desde el corazón… nos decía recientemente el entrenador Bielsa.
Es mi propia experiencia, confirmada personalmente, y en las historias de tantos amigos compartidas a lo largo de los años que el Señor me ha regalado.
Como tu “mayor” te lo aseguro.
Pero hay al menos tres condiciones, para que esto sea posible, para que el dolor sea fuente de Vida Nueva para ti y a través tuyo para otros que el Señor vaya poniendo cerca de ti.
La primera: que como Jesús aceptes ser ayudado a cargar tu cruz por un Cirineo. Y ese Cirineo para nosotros no es otro que el mismo Jesús. Él se dejó ayudar, ahora el debe ayudarnos.
La segunda: que abramos nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para no tropezar dos veces en la misma piedra que nos hizo caer y aprender inteligentemente de esa experiencia de modo que desde nuestro interior brote animoso un nuevo amanecer, realmente distinto de la noche que nos hizo tropezar.
La tercera: aceptar que el Señor Jesús, nuestro “Mayor”, quiere caminar cada día con nosotros, en medio de otros hermanos, entre los cuales tu aceptas caminar, y con ellos apoyarse mutuamente.
Si recibimos así el dolor y la enfermedad, si asumimos así nuestra debilidad, nuestra difícil verdad, sólo entonces podremos experimentar profundamente el nacer a una nueva manera de vivir, de ver la vida con ojos diferentes, con su verdad: sus penas y alegrías, sus sueños y frustraciones, la salud, la enfermedad y también la muerte.
Si asumimos con humildad el que nuestra vida es un regalo diario del Señor, que no termina nunca; sino que continúa y se perfecciona más allá de este mundo, … y si esto lo vivimos con la paz y la alegría de quien se sabe en manos de un papá que es Dios, … …
sólo entonces nuestra alegría crecerá aún mas al constatar que otros, viéndonos así enfrentar la vida, han podido reconocer también en nosotros a ese Dios Papá que ellos nunca habían conocido, y que a través de nosotros ha querido acercarse a ellos para regalarles su amor y su paz del corazón, por encima de todos sus problemas, sufrimientos o desesperanzas.
Con humildad lo digo: creo que ha sido en parte al menos tu propia experiencia al encontrarte conmigo y acompañarme en mi situación actual.
Con esperanza lo digo: creo que tú has sido también llamado desde tu experiencia y situación actual, a ser ese “mayor” para tus amigos: los de ahora en el sur y los de antes en La Unión.
Permíteme alegrarme ahora contigo de no sólo ser “tu mayor”; sino de que tú puedas ser “su mayor” para tantos amigos que el Señor te ha ido confiando y te seguirá confiando a lo largo de los años que Él mismo te regale.
Permíteme contigo unirme para darle las gracias al Señor por poder compartir con Él Su Cruz, y clavado a ella con Él, identificarnos mas con Él, traspasadas nuestras manos sobre Sus manos, nuestros pies sobre Sus pies, nuestro corazón sobre Su Corazón.
Y desde el dolor, que aún muriendo se olvida de sí mismo para ocuparse de su Madre y de su amigo Juan, … … por ser testigos para todo el mundo de tener un Padre de los Cielos, en cuyas manos con JESÚS, siempre podemos poner con confianza, fe y esperanza nuestra vida entera:
“Padre, si es posible que pase de mí este cáliz de dolor, …
pero que no se haga mi voluntad sino la tuya…”
Recibe mi cariño crecido día a día desde el dolor, hecho sonrisa y amanecer de esperanza cada día, desde la fe recibida y compartida contigo y los tuyos.
Confío en ti, como el Señor confía en nosotros. Él es nuestra fortaleza.
Espero tus noticias.
Tu hermano “mayor”.
MIGUEL ESTEBAN sscc
domingo 2 de agosto de 2009
Entrando ya en AGOSTO
QUERIDOS AMIGOS, hermanos, ahijados, ‘hijos/as’, …
Entrando ya en este mes de AGOSTO 2009, no puedo dejar de recordar a mis mayores cuando decían: ‘si paso Agosto…’, y de manera especial a mi abuelita Lala, partiendo el 13 de un mes como éste, luego de habernos hecho rezar cada año el mes de María frente a su imagen adornada sobre la cómoda de su pieza, incluido mi papá, antes de ir a jugar la diaria ‘brisca’ con él.
Este miércoles 5 estaré ya cumpliendo 10 meses desde que los médicos me diagnosticaron un cáncer terminal y una sobrevida de apenas 3 meses.
Y como la ‘mala yerba nunca muere’ y gracias a los ‘santos en la corte’ (p. Esteban sscc y mis ahijados Mauricio, Daniel y Ricardito), seguimos con bastante buena salud pudiendo aún servir pastoralmente, aunque ya no en el ‘sure’ que a tantos nos conquista con su sonrisa de sol entre las nubes y la lluvia.
Precisamente este 5, si Dios me lo permite, estaré viajando a esas tierras para acompañar a mi hermano sscc Javier, en su ordenación diaconal, y para agradecer a tantos hermanos y hermanas de La Unión que me han seguido fielmente con su cariño y recuerdo en la oración.
Digo agradecer y no despedirme.
1º porque no quiero dejar la posibilidad de que el Señor me permita, una vez cumplida la misión que ahora me ha encomendado en esta capital, volver como el ‘hijo pródigo a la casa paterna’.
2º porque no creo que el Señor me vaya a llamar tan pronto junto a Él en la Casa del Padre. Me falta todavía mucho camino para poder escucharle: ‘siervo fiel y prudente… entra en el descanso de tu Señor’… aunque confío plenamente, como me lo enseñó antes de vivir su pascua Fernando de Manzanar, que la misericordia del Señor está lejos por encima de nuestros méritos… (sabiendo que mientras más años, más pecados acumulamos…)
Sin embargo, tengo la impresión bastante cierta de que los días y semanas no pasan en vano… y que el cáncer no se olvida de que él tiene un proceso que la medicina aún no sabe detener.
Sólo le ruego al Señor - como ese día del Sacramento de la Unción de los Enfermos en el Memorial del Padre Esteban sscc – que me acompañe en el tiempo que anteceda a mi partida aliviándome los dolores inevitables, o bien dándome la salud necesaria para ser útil pastoralmente “en donde Él quiera, haciendo lo que Él quiera, y hasta cuando quiera”.
También que el mismo Señor les ayude a todos ustedes conmigo, a mantener viva la fe en una vida que continúa eternamente, y a considerarnos privilegiados por vivir ‘más pronto que tarde’, el regalo inmerecido del ENCUENTRO DEFINITIVO con el SEÑOR.
Y que en esa convicción y segura esperanza, podamos seguir unidos todavía aquí, aunque sea en lugares distantes, sirviendo a nuestra Iglesia en su Misión de restaurar el REINO de DIOS, ya hoy en nuestra realidad y sector pastoral.
Así lo quiera el Señor,
que nos hizo Sus colaboradores
en los caminos de la vida.
MIGUEL ESTEBAN sscc.
Entrando ya en este mes de AGOSTO 2009, no puedo dejar de recordar a mis mayores cuando decían: ‘si paso Agosto…’, y de manera especial a mi abuelita Lala, partiendo el 13 de un mes como éste, luego de habernos hecho rezar cada año el mes de María frente a su imagen adornada sobre la cómoda de su pieza, incluido mi papá, antes de ir a jugar la diaria ‘brisca’ con él.
Este miércoles 5 estaré ya cumpliendo 10 meses desde que los médicos me diagnosticaron un cáncer terminal y una sobrevida de apenas 3 meses.
Y como la ‘mala yerba nunca muere’ y gracias a los ‘santos en la corte’ (p. Esteban sscc y mis ahijados Mauricio, Daniel y Ricardito), seguimos con bastante buena salud pudiendo aún servir pastoralmente, aunque ya no en el ‘sure’ que a tantos nos conquista con su sonrisa de sol entre las nubes y la lluvia.
Precisamente este 5, si Dios me lo permite, estaré viajando a esas tierras para acompañar a mi hermano sscc Javier, en su ordenación diaconal, y para agradecer a tantos hermanos y hermanas de La Unión que me han seguido fielmente con su cariño y recuerdo en la oración.
Digo agradecer y no despedirme.
1º porque no quiero dejar la posibilidad de que el Señor me permita, una vez cumplida la misión que ahora me ha encomendado en esta capital, volver como el ‘hijo pródigo a la casa paterna’.
2º porque no creo que el Señor me vaya a llamar tan pronto junto a Él en la Casa del Padre. Me falta todavía mucho camino para poder escucharle: ‘siervo fiel y prudente… entra en el descanso de tu Señor’… aunque confío plenamente, como me lo enseñó antes de vivir su pascua Fernando de Manzanar, que la misericordia del Señor está lejos por encima de nuestros méritos… (sabiendo que mientras más años, más pecados acumulamos…)
Sin embargo, tengo la impresión bastante cierta de que los días y semanas no pasan en vano… y que el cáncer no se olvida de que él tiene un proceso que la medicina aún no sabe detener.
Sólo le ruego al Señor - como ese día del Sacramento de la Unción de los Enfermos en el Memorial del Padre Esteban sscc – que me acompañe en el tiempo que anteceda a mi partida aliviándome los dolores inevitables, o bien dándome la salud necesaria para ser útil pastoralmente “en donde Él quiera, haciendo lo que Él quiera, y hasta cuando quiera”.
También que el mismo Señor les ayude a todos ustedes conmigo, a mantener viva la fe en una vida que continúa eternamente, y a considerarnos privilegiados por vivir ‘más pronto que tarde’, el regalo inmerecido del ENCUENTRO DEFINITIVO con el SEÑOR.
Y que en esa convicción y segura esperanza, podamos seguir unidos todavía aquí, aunque sea en lugares distantes, sirviendo a nuestra Iglesia en su Misión de restaurar el REINO de DIOS, ya hoy en nuestra realidad y sector pastoral.
Así lo quiera el Señor,
que nos hizo Sus colaboradores
en los caminos de la vida.
MIGUEL ESTEBAN sscc.
Desde la ventana
Desde la ventana de mi pieza en este retiro provincial en Padre Hurtado, (¿el último antes de mi partida?) me he detenido a observar el hermoso parque soleado que nos rodea, con sus prados verdes, palmeras y araucarias, y sus pájaros criando a sus pequeños y cantando entre sus ramas.
Aún puedo descender a pasearme por sus prados y hacerme eco de los cantos de sus aves entre las ramas de sus árboles, y dar gracias a Dios por poder tener aún los sentidos abiertos para percibir tanta belleza y un corazón grande para saborear la hermosura de la vida, a pesar del smog y la basura que nos amenazan cada día desde la gran ciudad.
Aún puedo descender y caminar por en medio de tanta belleza.
Pronto llegará, sólo Tú lo sabes, el momento en que podré sólo contemplarlo desde mi ventana,
Y, cuando sólo podré guardar su recuerdo en el fondo de mis ojos y mi corazón.
Será aquel el momento, en que aún NO podré levantarme para ir al encuentro de la Vida Plena paseándome libremente en medio del Parque que me espera más allá, sin duda más hermoso que este su sacramento en el parque frente a mi ventana.
¿Estaré preparado para cruzar ese inevitable momento de desierto, donde la vida pareciera haber muerto y su hermosura destruida?
¿Podré, al irse cerrando mis ojos y dejando de latir mi corazón, mantener viva la certeza en que la vida de este parque no ha muerto, sino sólo está enterrada, escondida en mi tierra desierta, abriéndose a un nuevo despertar tan maravilloso como imprevisible?
¿Podré repetir para mí ahora lo que dijera a Rodrigo en el hospital de la UC en el momento de su partida: ‘ya nos encontraremos nuevamente en un lugar más hermoso’?
Señor, dame la gracia hoy y aquí, en este parque maravilloso que Tú nos has regalado como campamento en tránsito, de tener ojos abiertos y corazón grande para percibir, gustar y agradecer las maravillas de Tu Vida en medio nuestro, en mí y por mí, aunque a pesar de mí.
Que en el momento de partir, cuando todo oscurezca alrededor y dentro de mí, sin olvidar este Sacramento de Tu Reino - en el cual me has regalado vivir - , pueda adelantarme en la Fe y la Esperanza seguras, a pregustar ya de ese parque maravilloso y ciudad definitiva en los cuales en Tu Amor nos has invitado a vivir eternamente contigo Amigo Fiel, junto a Tu Padre, y unidos en el mismo Espíritu.
Que pueda con quienes me acompañen en ese momento,
decir Amén
y cantar Aleluya.
GRACIAS desde ya SEÑOR, por Tu paciencia en este tiempo de gracia.
GRACIAS por poder confiar mi próxima pascua a Tu misericordia conmigo.
GRACIAS porque sé que fortalecerás en su Fe también a quienes me quieren.
GRACIAS por Esteban y quienes ya me acompañan desde el Parque definitivo.
GRACIAS por Tu Muerte y Tu Resurrección que iluminan mi vida y mi muerte.
AMÉN.
MIGUEL ESTEBAN sscc.
Padre Hurtado, 16-07-09.
Aún puedo descender a pasearme por sus prados y hacerme eco de los cantos de sus aves entre las ramas de sus árboles, y dar gracias a Dios por poder tener aún los sentidos abiertos para percibir tanta belleza y un corazón grande para saborear la hermosura de la vida, a pesar del smog y la basura que nos amenazan cada día desde la gran ciudad.
Aún puedo descender y caminar por en medio de tanta belleza.
Pronto llegará, sólo Tú lo sabes, el momento en que podré sólo contemplarlo desde mi ventana,
Y, cuando sólo podré guardar su recuerdo en el fondo de mis ojos y mi corazón.
Será aquel el momento, en que aún NO podré levantarme para ir al encuentro de la Vida Plena paseándome libremente en medio del Parque que me espera más allá, sin duda más hermoso que este su sacramento en el parque frente a mi ventana.
¿Estaré preparado para cruzar ese inevitable momento de desierto, donde la vida pareciera haber muerto y su hermosura destruida?
¿Podré, al irse cerrando mis ojos y dejando de latir mi corazón, mantener viva la certeza en que la vida de este parque no ha muerto, sino sólo está enterrada, escondida en mi tierra desierta, abriéndose a un nuevo despertar tan maravilloso como imprevisible?
¿Podré repetir para mí ahora lo que dijera a Rodrigo en el hospital de la UC en el momento de su partida: ‘ya nos encontraremos nuevamente en un lugar más hermoso’?
Señor, dame la gracia hoy y aquí, en este parque maravilloso que Tú nos has regalado como campamento en tránsito, de tener ojos abiertos y corazón grande para percibir, gustar y agradecer las maravillas de Tu Vida en medio nuestro, en mí y por mí, aunque a pesar de mí.
Que en el momento de partir, cuando todo oscurezca alrededor y dentro de mí, sin olvidar este Sacramento de Tu Reino - en el cual me has regalado vivir - , pueda adelantarme en la Fe y la Esperanza seguras, a pregustar ya de ese parque maravilloso y ciudad definitiva en los cuales en Tu Amor nos has invitado a vivir eternamente contigo Amigo Fiel, junto a Tu Padre, y unidos en el mismo Espíritu.
Que pueda con quienes me acompañen en ese momento,
decir Amén
y cantar Aleluya.
GRACIAS desde ya SEÑOR, por Tu paciencia en este tiempo de gracia.
GRACIAS por poder confiar mi próxima pascua a Tu misericordia conmigo.
GRACIAS porque sé que fortalecerás en su Fe también a quienes me quieren.
GRACIAS por Esteban y quienes ya me acompañan desde el Parque definitivo.
GRACIAS por Tu Muerte y Tu Resurrección que iluminan mi vida y mi muerte.
AMÉN.
MIGUEL ESTEBAN sscc.
Padre Hurtado, 16-07-09.
lunes 6 de julio de 2009
La TRINIDAD vista desde la CANCHA de FUTBOL
LA FIESTA de la SANTÍSIMA TRINIDAD
en el contexto de una semana futbolizada.
Con el respeto correspondiente, me atrevo a usar una especie de parábola, que permita a algunos acercarnos al misterio de la Santísima Trinidad, desde una experiencia tan humana como la que vivimos en estos días de triunfos nacionales inesperados en las canchas de futbol en Paraguay, Toulón y Chile.
Lo primero sería tener ante nuestros ojos la imagen de esas ‘reinas de la primavera’, que invitadas a un encuentro de futbol oficial, bajan a la cancha a dar ‘el puntapié inicial’, luego suben al ‘palco oficial’ y miran desde arriba el partido – cuando no se entretienen conversando de otras cosas que le son más interesantes - para volver a bajar a la cancha con el pitazo final a ‘entregar el premio’ al equipo triunfante y ‘medallas’ a los jugadores destacados.
Si bien esa fue la imagen que marcó nuestra enseñanza tradicional respecto a Dios: ‘creador’, ‘observador distante desde el alto cielo’ y ‘juez final premiador y castigador’…, claramente no es la imagen que corresponde al Dios que con su vida y palabra nos reveló Jesús.
Jesús nos da a conocer que Dios no es un ser solitario, amargo distraído y lejano; sino todo lo contrario, es un Dios Familia, conformada por 3 personas con personalidad y misiones propias, pero tan unidas que son un solo Dios.
En el contexto de esta semana en que los ojos de la mayoría de los chilenos han estado fijos en una cancha de fútbol y sus actores, ¿cómo podríamos acercarnos a comprender en alguna medida este ‘misterio' de la Santísima Trinidad?
Antes de iniciar el partido, en los camarines y al borde de la cancha, podemos ver a un ‘entrenador’ que da vida al equipo. Es él el que decide las contrataciones y quienes lo conforman en la cancha y en la banca de reservas, el que decide la estrategia a seguir para ganar el partido, y el que encima de la cancha sigue a los jugadores, los instruye, les llama la atención, determina los cambios necesarios y los cuida cuando los ve agotados o lesionados.
Y, lo que se nota especialmente cuando son ‘jóvenes de la sub21’, les quiere y cuida dentro y fuera de la cancha como si fueran sus propios hijos.
Pero este ‘entrenador’ que no puede entrar a la cancha, ni menos meterse a jugar en ella, envía a ella a su ‘hijo’ para que lo haga presente en la cancha misma, dirigiendo a los demás jugadores en terreno, obediente fiel a sus instrucciones. Es el que lleva la presilla del ‘Capitán del Equipo’, el que dirige a sus compañeros según las instrucciones recibidas del ‘entrenador al borde de la cancha’ y el que en nombre de sus compañeros aboga por ellos ante el juez del partido.
Pero no basta que el ‘entrenador’ sea excelente. Ni que los jugadores estén bien alimentados, tácticamente enseñados, y con ganas de triunfar ante los espectadores. Ni que el ‘capitán’ cumpla a la perfección su misión. Es imprescindible para ganar el partido, algo más radical: que estén afiatados como equipo, más aún ‘hermanados’ bajo una misma camiseta, y esta camiseta puesta ‘en el corazón’. Sin ‘unidad’ y ‘ánimo’ sostenido hasta el pitazo final y aún más allá, no se gana el partido. Es fundamental desde los camarines y en la cancha tener ‘una sola alma, un solo corazón’.
Para ganar el partido del REINO, para restablecer el Reinado de Dios en nuestra cancha del mundo, para restaurar la Justicia, la Paz y la Fraternidad en nuestra tierra
tenemos un solo ‘entrenador-Padre’, un ‘capitán-Hermano’
y una sola ‘fortaleza-Espíritu’.
Es un Dios Padre que no observa indiferente desde el cielo la cancha en donde nosotros jugamos nuestro partido por la vida, dispuesto sólo a acercarse a nosotros al fin del mundo para premiar o castigar.
Es un Padre cercano, preocupado y ‘ocupado’ permanentemente de nuestro juego y de los que nos pueda pasar personalmente a cada uno de sus jugadores-hijos en la cancha en que nos ha convocado a jugar Su partido.
Es un Dios Hijo, enviado por Su Padre, que entrando en nuestra cancha, poniéndose la camiseta, nos coordina y guía, nos defiende ante el castigo, se involucra en nuestra vida y nos involucra en su misión. Juega con nosotros el partido, y cuenta con nosotros para defender y ganar. Necesita de cada uno para recibir sus pases y jugar en equipo entre todos.
Es un Dios Espíritu Santo, que desde el camarín nos une y anima, y en la cancha nos fortalece cuando los problemas del partido y el cansancio de los minutos nos empujan a dejar de jugar como equipo y a abandonar la misión encomendada.
Alguien podría argumentar que entonces lo único que importa es estar en la cancha y jugárselas para ganar, restableciendo la justicia y la fraternidad, reconstruyendo el mundo de hermanos ideado por el Creador. ¿Para qué perder tiempo en la iglesia o en la casa?
Miopes seríamos si pretendiéramos jugar sin pasar antes por el camarín para ponernos el equipo adecuado, y escuchar las instrucciones finales del entrenador.
Sin el entretiempo necesario para revisar y mejorar el cómo estamos jugando, y para ingerir una vitamina y la bebida refrescante, y reforzar el espíritu que nos congrega bajo una misma camiseta.
Sin las horas de entrenamiento y aprendizaje teórico-práctico, previas a cada salida a la cancha.
Tal vez sea el motivo por el cual tenemos tantos cristianos que juegan sin coraje, no saben jugar en equipo, o abandonan la cancha desanimados antes de terminar el partido.
Y esto está muy lejos del encerrarse en la ‘sacristía’;
es participar activamente en la ‘iglesia-comunidad’ que no podrá nunca ser reconocida como cristiana, con la camiseta de Cristo, si no sale cada día a la cancha a jugárselas por el Reino de Dios, como
“misioneros con Cristo en la vida del pueblo.”
Parroquia San Pedro y San Pablo
Zona Sur – Santiago
en el contexto de una semana futbolizada.
Con el respeto correspondiente, me atrevo a usar una especie de parábola, que permita a algunos acercarnos al misterio de la Santísima Trinidad, desde una experiencia tan humana como la que vivimos en estos días de triunfos nacionales inesperados en las canchas de futbol en Paraguay, Toulón y Chile.
Lo primero sería tener ante nuestros ojos la imagen de esas ‘reinas de la primavera’, que invitadas a un encuentro de futbol oficial, bajan a la cancha a dar ‘el puntapié inicial’, luego suben al ‘palco oficial’ y miran desde arriba el partido – cuando no se entretienen conversando de otras cosas que le son más interesantes - para volver a bajar a la cancha con el pitazo final a ‘entregar el premio’ al equipo triunfante y ‘medallas’ a los jugadores destacados.
Si bien esa fue la imagen que marcó nuestra enseñanza tradicional respecto a Dios: ‘creador’, ‘observador distante desde el alto cielo’ y ‘juez final premiador y castigador’…, claramente no es la imagen que corresponde al Dios que con su vida y palabra nos reveló Jesús.
Jesús nos da a conocer que Dios no es un ser solitario, amargo distraído y lejano; sino todo lo contrario, es un Dios Familia, conformada por 3 personas con personalidad y misiones propias, pero tan unidas que son un solo Dios.
En el contexto de esta semana en que los ojos de la mayoría de los chilenos han estado fijos en una cancha de fútbol y sus actores, ¿cómo podríamos acercarnos a comprender en alguna medida este ‘misterio' de la Santísima Trinidad?
Antes de iniciar el partido, en los camarines y al borde de la cancha, podemos ver a un ‘entrenador’ que da vida al equipo. Es él el que decide las contrataciones y quienes lo conforman en la cancha y en la banca de reservas, el que decide la estrategia a seguir para ganar el partido, y el que encima de la cancha sigue a los jugadores, los instruye, les llama la atención, determina los cambios necesarios y los cuida cuando los ve agotados o lesionados.
Y, lo que se nota especialmente cuando son ‘jóvenes de la sub21’, les quiere y cuida dentro y fuera de la cancha como si fueran sus propios hijos.
Pero este ‘entrenador’ que no puede entrar a la cancha, ni menos meterse a jugar en ella, envía a ella a su ‘hijo’ para que lo haga presente en la cancha misma, dirigiendo a los demás jugadores en terreno, obediente fiel a sus instrucciones. Es el que lleva la presilla del ‘Capitán del Equipo’, el que dirige a sus compañeros según las instrucciones recibidas del ‘entrenador al borde de la cancha’ y el que en nombre de sus compañeros aboga por ellos ante el juez del partido.
Pero no basta que el ‘entrenador’ sea excelente. Ni que los jugadores estén bien alimentados, tácticamente enseñados, y con ganas de triunfar ante los espectadores. Ni que el ‘capitán’ cumpla a la perfección su misión. Es imprescindible para ganar el partido, algo más radical: que estén afiatados como equipo, más aún ‘hermanados’ bajo una misma camiseta, y esta camiseta puesta ‘en el corazón’. Sin ‘unidad’ y ‘ánimo’ sostenido hasta el pitazo final y aún más allá, no se gana el partido. Es fundamental desde los camarines y en la cancha tener ‘una sola alma, un solo corazón’.
Para ganar el partido del REINO, para restablecer el Reinado de Dios en nuestra cancha del mundo, para restaurar la Justicia, la Paz y la Fraternidad en nuestra tierra
tenemos un solo ‘entrenador-Padre’, un ‘capitán-Hermano’
y una sola ‘fortaleza-Espíritu’.
Es un Dios Padre que no observa indiferente desde el cielo la cancha en donde nosotros jugamos nuestro partido por la vida, dispuesto sólo a acercarse a nosotros al fin del mundo para premiar o castigar.
Es un Padre cercano, preocupado y ‘ocupado’ permanentemente de nuestro juego y de los que nos pueda pasar personalmente a cada uno de sus jugadores-hijos en la cancha en que nos ha convocado a jugar Su partido.
Es un Dios Hijo, enviado por Su Padre, que entrando en nuestra cancha, poniéndose la camiseta, nos coordina y guía, nos defiende ante el castigo, se involucra en nuestra vida y nos involucra en su misión. Juega con nosotros el partido, y cuenta con nosotros para defender y ganar. Necesita de cada uno para recibir sus pases y jugar en equipo entre todos.
Es un Dios Espíritu Santo, que desde el camarín nos une y anima, y en la cancha nos fortalece cuando los problemas del partido y el cansancio de los minutos nos empujan a dejar de jugar como equipo y a abandonar la misión encomendada.
Alguien podría argumentar que entonces lo único que importa es estar en la cancha y jugárselas para ganar, restableciendo la justicia y la fraternidad, reconstruyendo el mundo de hermanos ideado por el Creador. ¿Para qué perder tiempo en la iglesia o en la casa?
Miopes seríamos si pretendiéramos jugar sin pasar antes por el camarín para ponernos el equipo adecuado, y escuchar las instrucciones finales del entrenador.
Sin el entretiempo necesario para revisar y mejorar el cómo estamos jugando, y para ingerir una vitamina y la bebida refrescante, y reforzar el espíritu que nos congrega bajo una misma camiseta.
Sin las horas de entrenamiento y aprendizaje teórico-práctico, previas a cada salida a la cancha.
Tal vez sea el motivo por el cual tenemos tantos cristianos que juegan sin coraje, no saben jugar en equipo, o abandonan la cancha desanimados antes de terminar el partido.
Y esto está muy lejos del encerrarse en la ‘sacristía’;
es participar activamente en la ‘iglesia-comunidad’ que no podrá nunca ser reconocida como cristiana, con la camiseta de Cristo, si no sale cada día a la cancha a jugárselas por el Reino de Dios, como
“misioneros con Cristo en la vida del pueblo.”
Parroquia San Pedro y San Pablo
Zona Sur – Santiago
EN LA PASCUA DE RODRIGO celebrando a DAMIAN de MOLOKAI
Son las 11,00 hrs. del día 10 de Mayo de 1999, en la Población Villa Esperanza, construida sobre rellenos entre los pajonales marginales al final de la calle Colo-Colo, de la ciudad de Concepción.
Luego de una espera de 15 minutos frente a la Capilla Teresita de Los Andes, llega la encargada con las llaves de sus candados. Coordinadamente estaciona el furgón mortuorio de una empresa de pompas fúnebres que tiene convenio con la Municipalidad para el entierro de indigentes.
Rodeados por los vecinos, sus hermanos y amigos introducen a RODRIGO en la sede de la que fuera su comunidad bautismal.
Colindante con la Capilla Católica está ubicado el ‘templo de la Iglesia Pentecostal’. Sus miembros también hoy acompañan a Rodrigo en su última despedida, unidos todos en la huella del común Hermano Mayor.
Es el día de la Fiesta Litúrgica de Damián sscc, el apóstol misionero entre los LEPROSOS de la isla de Molokai.
Llevado por Él, semanas antes había llegado hasta el tercer piso del Hospital Regional, para conocer y acompañar a este nuevo ‘leproso’ de nuestros tiempos, en su lecho de dolor y desesperanza.
Hoy, es Damián sscc, quien lo acompaña en su regreso a la Casa del Padre, y nos invita a todos los presentes, desde la página del Evangelio de su fiesta, a seguir como Él, al Buen Pastor que vino para dar su vida entera por sus ovejas.
Desde Rodrigo, el mismo Damián nos recuerda las palabras de Jesús: “Tengo otras ovejas que no son de este aprisco ... habrá un solo rebaño y un solo Pastor ”, y hace brotar imperdonablemente el compromiso ante su cuerpo colocado delante del altar: unirnos todos, desde los distintos apriscos, siguiendo a Jesús Único Pastor, para servir la VIDA de la Población en todas sus necesidades, y de modo muy especial la VIDA de los jóvenes más pobres y marginados entre ellos mismos.
Rodrigo, que desde la soledad del hospital le exigiste a Jesús te ayudara a llevar tu cruz, para que así unida a la Cruz del mismo Jesús, sirviera como tu aporte a la Reparación del pecado del mundo, entra ahora – misión cumplida - en el gozo de tu Amigo, Hermano y Señor.
Tu dolor no ha sido inútil.
Tu muerte no ha quedado estéril.
Tu Pascua, unida a la de Jesús y a la de Damián, nos ha servido para dar
un paso más en nuestra Pascua de peregrinos
hacia el sueño del Padre:
“un único rebaño, bajo un mismo y único Pastor”.
Unidos ayer con Daniel pudimos decir:
‘gracias mi SIDA, fuiste mi Cruz y mi resurrección’.
Hoy unidos con Rodrigo podemos decir:
“gracias mi SIDA, crucificándome con Jesús,
has sido para mi pueblo un
Amanecer de Resurrección”
Concepción, lunes 10 de mayo de 1999.
MEM/mem
Luego de una espera de 15 minutos frente a la Capilla Teresita de Los Andes, llega la encargada con las llaves de sus candados. Coordinadamente estaciona el furgón mortuorio de una empresa de pompas fúnebres que tiene convenio con la Municipalidad para el entierro de indigentes.
Rodeados por los vecinos, sus hermanos y amigos introducen a RODRIGO en la sede de la que fuera su comunidad bautismal.
Colindante con la Capilla Católica está ubicado el ‘templo de la Iglesia Pentecostal’. Sus miembros también hoy acompañan a Rodrigo en su última despedida, unidos todos en la huella del común Hermano Mayor.
Es el día de la Fiesta Litúrgica de Damián sscc, el apóstol misionero entre los LEPROSOS de la isla de Molokai.
Llevado por Él, semanas antes había llegado hasta el tercer piso del Hospital Regional, para conocer y acompañar a este nuevo ‘leproso’ de nuestros tiempos, en su lecho de dolor y desesperanza.
Hoy, es Damián sscc, quien lo acompaña en su regreso a la Casa del Padre, y nos invita a todos los presentes, desde la página del Evangelio de su fiesta, a seguir como Él, al Buen Pastor que vino para dar su vida entera por sus ovejas.
Desde Rodrigo, el mismo Damián nos recuerda las palabras de Jesús: “Tengo otras ovejas que no son de este aprisco ... habrá un solo rebaño y un solo Pastor ”, y hace brotar imperdonablemente el compromiso ante su cuerpo colocado delante del altar: unirnos todos, desde los distintos apriscos, siguiendo a Jesús Único Pastor, para servir la VIDA de la Población en todas sus necesidades, y de modo muy especial la VIDA de los jóvenes más pobres y marginados entre ellos mismos.
Rodrigo, que desde la soledad del hospital le exigiste a Jesús te ayudara a llevar tu cruz, para que así unida a la Cruz del mismo Jesús, sirviera como tu aporte a la Reparación del pecado del mundo, entra ahora – misión cumplida - en el gozo de tu Amigo, Hermano y Señor.
Tu dolor no ha sido inútil.
Tu muerte no ha quedado estéril.
Tu Pascua, unida a la de Jesús y a la de Damián, nos ha servido para dar
un paso más en nuestra Pascua de peregrinos
hacia el sueño del Padre:
“un único rebaño, bajo un mismo y único Pastor”.
Unidos ayer con Daniel pudimos decir:
‘gracias mi SIDA, fuiste mi Cruz y mi resurrección’.
Hoy unidos con Rodrigo podemos decir:
“gracias mi SIDA, crucificándome con Jesús,
has sido para mi pueblo un
Amanecer de Resurrección”
Concepción, lunes 10 de mayo de 1999.
MEM/mem
lunes 8 de junio de 2009
ALZANDO BARRERAS
ALZANDO BARRERAS
Son ya casi las 4 de la tarde.
Una BARRERA se interpone a mi avance.
Miro por si hubiese algún lugar por donde pasar al estacionamiento de la Catedral, poder dejar mi moto y participar en la Misa de Envío de los jóvenes.
Es inútil. Todo está bien bloqueado.
Alguien me alcanza en ese momento caminando...
y se me adelanta, para ALZAR la BARRERA
que me impedía avanzar al encuentro con los jóvenes.
Es Don Antonio, nuestro Pastor... “Adelante”, me dice.
Un tanto sorprendido avanzo, y junto con él nos incorporamos a la asamblea de jóvenes congregados para “celebrar la partida” y “recibir el envío de la Iglesia Diocesana”, yendo al Encuentro con Jesús y con sus otros hermanos jóvenes provenientes de todo el continente.
La fiesta está comenzando ya aquí en casa, no sin antes celebrar el reencuentro de muchos de los jóvenes allí congregados con el Amigo siempre fiel, que desde tiempo estaba aguardando poder volver a compartir la amistad de ellos, volviendo a plantar Su tienda en su corazón.
“Si voy al encuentro del Señor y de otros jóvenes, debo hacerlo con el corazón limpio” me manifiesta uno de ellos; ... mientras otro me confiesa: “me había alejado de la comunidad... a causa de los amigos, Ud. sabe”, aceptando de inmediato el desafío de asumir la responsabilidad de ir invitando precisamente a esos amigos que lo habían alejado, para incorporarse también ellos en ‘el grupo de los amigos de Jesús’.
“Es tu misión ahora. Por algo sería que el Señor permitió que los encontraras”, le recuerdo.
El ENVÍO ya ha tenido lugar de parte del Pastor. Y es él mismo, quién acompañado de nosotros los sacerdotes, sale al atrio de la Catedral frente a la plaza, para bendecir la fiesta de canciones, palmas y bailes juveniles que testimonia ante la ciudad la Buena Noticia que “el Señor camina con los jóvenes, también hoy”.
Más tarde, mientras regreso a mi comunidad, releo en mi corazón, la Palabra que el Señor me ha querido dirigir esta tarde, desde el borde del camino al andar de la moto.
Y brota, bajo la luz del sol poniente que presagia un hermoso amanecer, mi acción de gracias alegre, una petición de perdón, y mi oración esperanzada al Señor Amigo de los jóvenes, que desde ellos quiere seguir animando hoy nuestra Iglesia y su Misión.
GRACIAS, por los Pastores que saben caminar a pié y adelantarse a SERVIR levantando la barrera del estacionamiento, para que un hermano menor avance en su moto.
GRACIAS, por los Pastores y Formadores que saben levantar las BARRERAS que tratan de impedir a sus sacerdotes y seminaristas ir al encuentro de los jóvenes, y a los jóvenes acercarse a ellos.
PERDÓN por las veces que como Iglesia hemos puesto barreras al encuentro con los jóvenes, que nos esperan como testigos para ellos, del auténtico Rostro de Jesús.
GRACIAS por esos jóvenes que desde dentro y desde fuera de nuestra Iglesia diocesana, aseguran la presencia del Señor siempre joven en medio de su pueblo.
GRACIAS porque ellos despiertan en nosotros los mayores la vitalidad, la alegría y la libertad de espíritu características de ese ‘amor primero’, que nos conquistó en nuestra primera juventud.
SEÑOR de la VIDA, mantén la asistencia de tu Espíritu sobre nuestros Pastores, sobre nosotros sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, y sobre todos nuestros hermanos laicos agentes pastorales de nuestra iglesia diocesana, para seguir ALZANDO las BARRERAS que nos cierran el camino o nos dificultan el paso al encuentro con los jóvenes, en quienes Tú quieres hacerte presente en medio de nuestra Iglesia diocesana.
SEÑOR eternamente JOVEN, anímanos a todos a ser con ellos ‘en medio de la plazas’: “testigos de la FE sólo en JESÚS, mensajeros del AMOR y profetas de ESPERANZA”.
SEÑOR, Buen Pastor, continúa asistiendo a nuestros Pastores, para vivir el gozo de ser los animadores de una Iglesia que no sólo le abre sus puertas a los jóvenes y en ellos a Cristo; sino que sale ella misma al encuentro de ellos, allí donde sólo el buen Pastor y quienes comparten su corazón, saben ir a buscar y encontrar la oveja perdida.
SEÑOR, Peregrino de Emaús, danos a todos tu Espíritu Resucitado, para no encerrar temerosos a estos jóvenes en esta iglesia que les acoge; sino para compartir con ellos nuestra vocación siempre misionera: Que agradecidos de la experiencia vivida asuman ellos al término de este Encuentro Continental, la misión de reanimar a sus hermanos jóvenes que han perdido el camino y la esperanza, porque aún no se han encontrado con su Amigo Jesús.
GRACIAS SEÑOR, porque en los sencillos acontecimientos del camino de cada día, TU reanimas nuestra ESPERANZA, y fortaleces nuestra FE en TI y en TU IGLESIA.
Concepción, 04 Octubre 1998. –
Son ya casi las 4 de la tarde.
Una BARRERA se interpone a mi avance.
Miro por si hubiese algún lugar por donde pasar al estacionamiento de la Catedral, poder dejar mi moto y participar en la Misa de Envío de los jóvenes.
Es inútil. Todo está bien bloqueado.
Alguien me alcanza en ese momento caminando...
y se me adelanta, para ALZAR la BARRERA
que me impedía avanzar al encuentro con los jóvenes.
Es Don Antonio, nuestro Pastor... “Adelante”, me dice.
Un tanto sorprendido avanzo, y junto con él nos incorporamos a la asamblea de jóvenes congregados para “celebrar la partida” y “recibir el envío de la Iglesia Diocesana”, yendo al Encuentro con Jesús y con sus otros hermanos jóvenes provenientes de todo el continente.
La fiesta está comenzando ya aquí en casa, no sin antes celebrar el reencuentro de muchos de los jóvenes allí congregados con el Amigo siempre fiel, que desde tiempo estaba aguardando poder volver a compartir la amistad de ellos, volviendo a plantar Su tienda en su corazón.
“Si voy al encuentro del Señor y de otros jóvenes, debo hacerlo con el corazón limpio” me manifiesta uno de ellos; ... mientras otro me confiesa: “me había alejado de la comunidad... a causa de los amigos, Ud. sabe”, aceptando de inmediato el desafío de asumir la responsabilidad de ir invitando precisamente a esos amigos que lo habían alejado, para incorporarse también ellos en ‘el grupo de los amigos de Jesús’.
“Es tu misión ahora. Por algo sería que el Señor permitió que los encontraras”, le recuerdo.
El ENVÍO ya ha tenido lugar de parte del Pastor. Y es él mismo, quién acompañado de nosotros los sacerdotes, sale al atrio de la Catedral frente a la plaza, para bendecir la fiesta de canciones, palmas y bailes juveniles que testimonia ante la ciudad la Buena Noticia que “el Señor camina con los jóvenes, también hoy”.
Más tarde, mientras regreso a mi comunidad, releo en mi corazón, la Palabra que el Señor me ha querido dirigir esta tarde, desde el borde del camino al andar de la moto.
Y brota, bajo la luz del sol poniente que presagia un hermoso amanecer, mi acción de gracias alegre, una petición de perdón, y mi oración esperanzada al Señor Amigo de los jóvenes, que desde ellos quiere seguir animando hoy nuestra Iglesia y su Misión.
GRACIAS, por los Pastores que saben caminar a pié y adelantarse a SERVIR levantando la barrera del estacionamiento, para que un hermano menor avance en su moto.
GRACIAS, por los Pastores y Formadores que saben levantar las BARRERAS que tratan de impedir a sus sacerdotes y seminaristas ir al encuentro de los jóvenes, y a los jóvenes acercarse a ellos.
PERDÓN por las veces que como Iglesia hemos puesto barreras al encuentro con los jóvenes, que nos esperan como testigos para ellos, del auténtico Rostro de Jesús.
GRACIAS por esos jóvenes que desde dentro y desde fuera de nuestra Iglesia diocesana, aseguran la presencia del Señor siempre joven en medio de su pueblo.
GRACIAS porque ellos despiertan en nosotros los mayores la vitalidad, la alegría y la libertad de espíritu características de ese ‘amor primero’, que nos conquistó en nuestra primera juventud.
SEÑOR de la VIDA, mantén la asistencia de tu Espíritu sobre nuestros Pastores, sobre nosotros sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, y sobre todos nuestros hermanos laicos agentes pastorales de nuestra iglesia diocesana, para seguir ALZANDO las BARRERAS que nos cierran el camino o nos dificultan el paso al encuentro con los jóvenes, en quienes Tú quieres hacerte presente en medio de nuestra Iglesia diocesana.
SEÑOR eternamente JOVEN, anímanos a todos a ser con ellos ‘en medio de la plazas’: “testigos de la FE sólo en JESÚS, mensajeros del AMOR y profetas de ESPERANZA”.
SEÑOR, Buen Pastor, continúa asistiendo a nuestros Pastores, para vivir el gozo de ser los animadores de una Iglesia que no sólo le abre sus puertas a los jóvenes y en ellos a Cristo; sino que sale ella misma al encuentro de ellos, allí donde sólo el buen Pastor y quienes comparten su corazón, saben ir a buscar y encontrar la oveja perdida.
SEÑOR, Peregrino de Emaús, danos a todos tu Espíritu Resucitado, para no encerrar temerosos a estos jóvenes en esta iglesia que les acoge; sino para compartir con ellos nuestra vocación siempre misionera: Que agradecidos de la experiencia vivida asuman ellos al término de este Encuentro Continental, la misión de reanimar a sus hermanos jóvenes que han perdido el camino y la esperanza, porque aún no se han encontrado con su Amigo Jesús.
GRACIAS SEÑOR, porque en los sencillos acontecimientos del camino de cada día, TU reanimas nuestra ESPERANZA, y fortaleces nuestra FE en TI y en TU IGLESIA.
Concepción, 04 Octubre 1998. –
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